Hoy ha estado nerviosa. Me lo ha dicho cuando regresé a casa a la hora de la comida. También me lo repitió cuando volví por la tarde. Se siente sola.
Temo que la energía que hemos acumulado estas últimas tres semanas se disipe rápidamente. Temo que no hayamos dado ningún paso en firme antes de que esto ocurra.
Toca con su pie el cuaderno en el que escribo. Reclama mi atención. En las últimas dos horas me ha abrazado por lo menos diez veces. Me pide que vaya con ella al sofá, pero a mí me aborrecen las series que emiten en la televisión, especialmente si son de médicos o policías. Hoy eso no importa, me sentaré junto a ella.
La grieta
lunes, 3 de septiembre de 2012
domingo, 2 de septiembre de 2012
De vuelta.
Hemos bajado al parque. Desde la vuelta de las vacaciones el piso se hace pequeño y asfixiante. He intentado relajarme un rato leyendo el cómic Palestina en el sofá, pero una sensación de pérdida de tiempo se me ha metido dentro (no por el contenido del cómic, obviamente). Es por eso que le he pedido que nos bajáramos al parque.
Ayer discutimos, pero esta vez ha ido bien porque finalmente hemos logrado ponernos de acuerdo. Hacía mucho tiempo que no éramos capaces de fijarnos un objetivo común. Ambas estábamos preocupadas por ello, cada una a su manera.
Me pregunta qué escribo. Mi diario, le contesto. Me mira con una cara entre escéptica y curiosa. Finalmente sonríe. Yo también sonrío, y ella vuelve a su lectura. La veo y siento que echaba de menos este deseo de parar el tiempo.
Se sienta cerca de nosotros un chico con una perra que parece que haya tenido cachorros hace poco tiempo. ¿Le preguntamos?, me dice ella bromeando. Sólo son faltaba adoptar ahora un perro... Tras pocos minutos el chico se aleja. Nos quedamos sin cachorro, le digo, pero ella no responde, está concentrada a lo suyo.
La sombra de un árbol nos alcanza. Siento un poco de frío, creo que será hora de volver al piso. La sola idea me agita, parece imposible que pueda encontrar la paz entre esas cuatro paredes.
Ayer discutimos, pero esta vez ha ido bien porque finalmente hemos logrado ponernos de acuerdo. Hacía mucho tiempo que no éramos capaces de fijarnos un objetivo común. Ambas estábamos preocupadas por ello, cada una a su manera.
Me pregunta qué escribo. Mi diario, le contesto. Me mira con una cara entre escéptica y curiosa. Finalmente sonríe. Yo también sonrío, y ella vuelve a su lectura. La veo y siento que echaba de menos este deseo de parar el tiempo.
Se sienta cerca de nosotros un chico con una perra que parece que haya tenido cachorros hace poco tiempo. ¿Le preguntamos?, me dice ella bromeando. Sólo son faltaba adoptar ahora un perro... Tras pocos minutos el chico se aleja. Nos quedamos sin cachorro, le digo, pero ella no responde, está concentrada a lo suyo.
La sombra de un árbol nos alcanza. Siento un poco de frío, creo que será hora de volver al piso. La sola idea me agita, parece imposible que pueda encontrar la paz entre esas cuatro paredes.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)